Fecha de recepción: 18 de septiembre de 2025.
Fecha de aprobación: 17 de abril de 2026.
https://doi.org/10.35997/ae85rr62
MÁS ALLÁ DE LA
MIRADA: LA COMPASIÓN DE JESÚS COMO RESPUESTA TEOLÓGICA AL ABANDONO ESPIRITUAL
Beyond the Gaze: Jesus’ Compassion as a
Theological Response to Spiritual Abandonment
Ananías Carranza Guevara[1]
Rubén Dagoberto Montero Guerrero[2]
Resumen
El artículo
realiza un ensayo critico de Mateo 9:36,[3]
en el cual se examina la compasión de Jesús como fundamento teológico de su
liderazgo pastoral y como respuesta a una humanidad caracterizada por el
desamparo espiritual. A partir del análisis del término griego ἐσπλαγχνίσθη, se argumenta que la compasión en Jesús trasciende el ámbito
meramente afectivo, configurándose como una fuerza visceral que impulsa una
praxis concreta en favor de los marginados y desorientados. El estudio sitúa en
una posición estratégica dentro de la macroestructura del evangelio,
identificándolo como una bisagra literaria que articula la transición entre los
actos de poder realizados por Jesús y el posterior envío misionero de los
discípulos. En ese sentido, se sostiene que la compasión no solo se antecede a
la misión, sino que constituye su motivación. Asimismo, el análisis
intertextual pone en dialogo la imagen de las “ovejas sin pastor” con la
tradición profética de Ezequiel 34 y
Números 27, permitiendo interpretar a Jesús como el cumplimiento del ideal del
Pastor-Mesías en el marco del judaísmo del segundo templo. En esta línea, el
texto también evidencia una crítica implícita al liderazgo religioso
contemporáneo a Jesús, caracterizado por el legalismo y la insensibilidad
frente a las necesidades del pueblo. Frente a este modelo, el evangelista
propone una alternativa centrada en la compasión activa de Cristo, la cual se
erige como criterio teológico que estructura tanto la praxis pastoral como la
dinámica misionera. Finamente, el articulo sostiene que Mateo 9:36 interpela de
manera directa al liderazgo cristiano contemporáneo, convocándolo a una
reconfiguración profunda de su práctica ministerial. En un contexto donde
persisten formas de desorientación espiritual análogas a la imagen de las
“ovejas sin pastor”, se plantea la urgencia de recuperar un modelo pastoral
caracterizado por la empatía encarnada, la cercanía relacional y el compromiso
activo con el sufrimiento humano, en coherencia con el paradigma revelado en la
persona de Jesús.
Palabras clave: Compasión,
liderazgo pastoral, Jesús, restauración espiritual.
Abstract
This article
presents a critical analysis of Matthew 9:36, examining Jesus' compassion as
the theological foundation of his pastoral leadership and as a response to a
humanity characterized by spiritual helplessness. Based on an analysis of the
Greek term ἐσπλαγχνίσθη, it argues that Jesus'
compassion transcends the merely affective realm, becoming a visceral force
that drives concrete action on behalf of the marginalized and disoriented. The
study situates this compassion strategically within the macrostructure of the
Gospel, identifying it as a literary hinge that articulates the transition
between Jesus' acts of power and the subsequent missionary sending of his
disciples. In this sense, it maintains that compassion not only precedes the
mission but also constitutes its motivation. Furthermore, the intertextual
analysis places the image of the “sheep without a shepherd” in dialogue with
the prophetic tradition of Ezekiel 34 and Numbers 27, allowing us to interpret
Jesus as the fulfillment of the ideal of the Shepherd-Messiah within the
framework of Second Temple Judaism. Along these lines, the text also reveals an
implicit critique of the religious leadership contemporary to Jesus,
characterized by legalism and insensitivity to the needs of the people. In
contrast to this model, the evangelist proposes an alternative centered on the
active compassion of Christ, which stands as the theological criterion
structuring both pastoral practice and missionary activity. Finally, the
article argues that Matthew 9:36 directly challenges contemporary Christian
leadership, calling it to a profound reconfiguration of its ministerial
practice. In a context where forms of spiritual disorientation persist
analogous to the image of "sheep without a shepherd," the urgency
arises to recover a pastoral model characterized by embodied empathy,
relational closeness, and active commitment to human suffering, in coherence
with the paradigm revealed in the person of Jesus.
Keywords: Compassion,
pastoral leadership, Jesus, spiritual restoration.
Introducción
En un
contexto global caracterizado por el sufrimiento humano, la fragmentación
social y una creciente desorientación espiritual, el liderazgo eclesiástico
contemporáneo se ve confrontado con el desafío de ofrecer dirección, consuelo y
esperanza desde una praxis pastoral auténticamente compasiva. Las estructuras
tradicionales del liderazgo religioso muchas veces han demostrado ser
insuficientes para responder a las demandas emocionales, existenciales y
espirituales de las comunidades. En este escenario, el modelo de Jesús se presenta
como una alternativa radical y profundamente relevante. Mateo 9:36, al
describir la reacción de Jesús ante las multitudes, no solo revela la
profundidad de su sensibilidad humana y espiritual, sino que establece un
paradigma para el liderazgo cristiano basado en la compasión activa.[4] Lejos de
representar una apatía emocional, la compasión de Jesús constituye un principio
teológico fundamental que informa su misión, sus prioridades y su relación con
los más vulnerables.
El presente estudio desarrolla un ensayo critico de
Mateo 9:36 con el propósito de fundamentar un paradigma bíblico de liderazgo
pastoral centrado en la compasión. En este marco, se examina la dimensión
teológica del término griego ἐσπλαγχνίσθη, considerando
como un atributo distintivo del ministerio mesiánico de Jesús. Asimismo, se
presta atención al contraste entre el modelo de liderazgo encarnado por Jesús y
aquel ejercido por los dirigentes religiosos de su contexto histórico.[5]
Finalmente, se reflexiona sobre las implicancias pastorales de este paradigma
para el ejercicio ministerial contemporáneo, subrayando la necesidad de una
renovación de liderazgo eclesial que integre profundidad espiritual, empatía
encarnada y un compromiso genuino con el cuidado integral de las personas. La
metodología adoptada corresponde a un enfoque de ensayo crítico.
Contexto literario del texto
El pasaje de
Mateo 9:36 se configura como un elemento de transición dentro de la unidad
narrativa mayor comprendida entre (8:1-9:38), en el cual el evangelista
articula una serie de diez milagros dispuestos temáticamente para evidenciar la
autoridad mesiánica de Jesús. Esta sección, cuidadosamente estructurada,
alterna relatos de milagros con breves segmentos discursivos, generando un
progresivo crescendo literario que alcanza su clímax en la expresión de
compasión de Mateo 9 36.[6] En este
sentido, la compasión no debe entenderse como un mero rasgo afectivo, sino como
una disposición activa que implica una identificación profunda con la condición
del otro, orientada hacia una intervención concreta en su favor. En la teología
mateana, dicha compasión se manifiesta de manera
consistente en la atención a las necesidades humanas, particularmente en su
dimensión corporal, anticipando así el carácter del ministerio al que
posteriormente serán comisionados los discípulos.[7]
La imagen de las “ovejas sin pastor”, profundamente
arraigada en la tradición profética (cf. Nm 27:17; Ez 34:5-6), adquiere en este
contexto un significado cristológico singular, al presentar a Jesús como el
cumplimiento de las expectativas mesiánicas del judaísmo del segundo templo. La
ubicación estratégica de este versículo dentro de la macroestructura del
evangelio revela su función como auténtica bisagra literaria, en cuanto
articula la transición entre la manifestación del poder mesiánico y su ulterior
extensión mediante el envío misionero del capítulo 10. [8] Desde una perspectiva redaccional, resulta
significativo que Mateo, en contraste con Marcos 6:34, intensifique la
dimensión emocional de Jesús, subrayando así la centralidad de la compasión
como fundamento teológico de la misión.[9]
El contexto inmediato de confrontación con los
fariseos (9:34) introduce, además, una dimensión polémica que enriquece la
interpretación del pasaje. Mientras los líderes religiosos atribuyen la
actividad de Jesús al poder de Belcebú, el evangelista establece un marcado
contraste al presentar la compasión del Mesías, como expresión auténtica del
obrar divino.[10] Esta
tensión narrativa no sólo cumple una función literaria, sino que probablemente
refleja las circunstancias históricas de la comunidad mateana,
inmersa en un conflicto con el judaísmo formativo posterior a la destrucción
del templo en el año 70 d.C.[11] En este
marco la metáfora del pastor ausente opera como un símbolo polivalente que
denuncia simultáneamente la crisis del liderazgo en Israel, la insuficiencia de las autoridades religiosas
contemporáneas a Jesús, y las necesidades pastorales emergentes de la iglesia
primitiva.
Desde una perspectiva intertextual, la expresión
"ovejas sin pastor" activa un entramado semántico que remite a
diversos textos proféticos (Ez 34; Zac 10:2; 13:7), en los cuales esta imagen
aparece asociada tanto al juicio divino como a la promesa de restauración.[12]
Particularmente relevante es la conexión con Ezequiel 34, donde Yahvé asume el
rol de pastor ante el fracaso de los líderes humanos, Mateo, mediante un
proceso de relectura cristológica,
aplica este motivo a la persona de
Jesús, revelando así un sofisticado ejercicio hermeneútico que
reinterpreta las Escrituras de Israel a la luz del acontecimiento cristológico.[13]
El análisis lingüístico del texto aporta, asimismo,
matices teológicos significativos. El uso del verbo splagchnizomai,
derivado de splagchna (entrañas), denota una
compasión de carácter visceral, profundamente arraigada en la interioridad del
sujeto, y distinta de términos más generales como eleeo.[14] A ello se suma el participio eklelumenoi (fatigados, agotados), que
describe no solo una condición física, sino un desgaste existencial que sugiere
una dimensión espiritual de desorientación y abandono.[15]
En clave sociorreligiosa,
la metáfora de las ovejas sin pastor puede interpretarse a la luz de las
condiciones históricas del campesino galileo en el siglo I, sometido tanto a la
opresión imperial romana como a las exigencias del sistema templario.[16] En este
contexto, la compasión de Jesús adquiere una dimensión implícitamente
sociopolítica, al configurarse como alternativa al ejercicio abusivo del poder.[17] Este
trasfondo se ve reforzado por la crítica profética de Ezequiel 34, donde los
“pastores de Israel” son denunciados por su explotación económica y negligencia
pastoral, lo que sugiere que el evangelista podría estar evocado
deliberadamente estas condiciones para su audiencia.
La recepción temprana de este pasaje en la tradición
cristiana evidencia su relevancia formativa para la configuración del
ministerio pastoral. Figuras como Agustín de Hipona interpretaron este texto
como un fundamento escriturístico para la praxis
eclesial, consolidando la imagen del pastor como paradigma del liderazgo
cristiano.[18] Si bien esta lectura responde a desarrollos
posteriores, pone de manifiesto la riqueza hermenéutica del texto y su
capacidad de generar nuevos horizontes de significado en contextos diversos.
En definitiva, el análisis de Mateo 9:36, desde la
metodología del ensayo crítico permite reconocer su función como núcleo
emocional y teológico dentro de la trama del evangelio. La compasión de Jesús
no constituye un atributo meramente descriptivo, sino el principio dinámico que
impulsa la misión.[19] Esta
articulación entre afecto y acción, entre interioridad y praxis, representa una
de las contribuciones más distintivas de la teología mateana
a la cristología del Nuevo Testamento. De este modo, el evangelista presenta un
modelo de liderazgo en el que la autoridad mesiánica, evidenciada en los actos
de poder, se encuentra indisolublemente unida a una compasión activa,
ofreciendo un paradigma alternativo frente a las estructuras de liderazgo
religioso de su tiempo.
Un breve análisis del texto
El
tratamiento de las multitudes (οἱ ὄχλοι) en Mateo
9:36 representa un punto culminante en el desarrollo narrativo del primer
evangelio. A lo largo de los capítulos 5-9, dichas multitudes experimentan una
progresión significativa: pasan de ser meros espectadores del ministerio de
Jesús (5:1; 7:28) a convertirse en receptores activos de la acción salvífica
(9:8, 33). Su mención en este versículo no responde a un recurso incidental,
sino que forma parte de una estrategia literaria deliberada que conduce al
clímax de una sección cuidadosamente estructurada.[20]
En este sentido, el evangelista presenta a las multitudes como representación
teológica del Israel escatológico, anticipando así la orientación de la misión
hacia "las ovejas perdidas de la casa de Israel" (10:6).
La compasión de Jesús expresada mediante el verbo
ἐσπλαγχνίσθη debe interpretarse dentro del
marco de la teología mateana de la misericordia. El
uso de σπλαγχνίζομαι, restringido en este evangelio
a contextos de intervención milagrosa (9:36; 14:14; 15:32; 20:34), configura un
patrón teológico en la cual la compasión no es un mero sentimiento, sino el
impulso que antecede y fundamenta la acción redentora. De este modo, el texto
sugiere una íntima relación entre la interioridad afectiva de Jesús y la
eficacia de su praxis salvífica[21]
El estado de desamparo que caracteriza a las
multitudes refleja, en un primer nivel las condiciones concretas del campesino
galileo del siglo I. sometido a complejas dinámicas de opresión económica y
religiosa.[22] Sin
embargo, el diagnóstico mateano trasciende la mera
descripción sociológica para ofrecer una interpretación teológica del fenómeno:
la condición de abandono es atribuida al fracaso del liderazgo religioso
(23:4). De este modo, el evangelista construye un contraste deliberado entre la
praxis de Jesús y la de las autoridades religiosas de tu tiempo.[23]
La descripción de las multitudes como dispersas ἐρριμμένοι activas resonancias intertextuales de notable densidad
teológica. En conjugación con la metáfora de las ovejas sin pastor, el término remite de manera directa a Ezequiel
34:5-6, donde la dispersión del rebaño se interpreta como consecuencia de la
negligencia de sus pastores.[24] Para un
auditorio judío del siglo I, esta evocación habría tenido claras connotaciones
escatológicas, sugiriendo que el ministerio de Jesús constituye el cumplimiento
de las promesas de restauración anunciadas en la tradición profética (Jer
23:1-4; Ez 34:11-16).[25] Asimismo,
la imagen del pueblo desorientado remite al periodo del Exódo
(Nm 27:17). Lo que permite identificar en Jesús una tipología que trasciende la
figura mosaica: no solo como nuevo Moisés, sino como el pastor escatológico que
asume plenamente la conducción del pueblo de Dios (Dt
18:15-19).[26]
Desde una perspectiva literaria, en los estudios
desarrollados por Davis, Dale y Allison han señalado que Mateo 9:36 ocupa una
posición central dentro de una posible estructura quiástica
que abarca 9:35-10:1. En dicha configuración, la “compasión” funciona como eje
teológico que articula el ministerio de Jesús con la posterior misión de los
discípulos. Este recurso retórico refuerza la idea de que la misión no emerge
de una estrategia organizativa, sino de una experiencia teológica originaria:
la compasión del Mesías frentes a la condición humana.[27]
Análisis teológico
El texto de
Mateo 9:36 no se limita a describir una reacción emocional de Jesús, sino que
revela un principio teológico fundamental: la compasión constituye el
fundamento de su ministerio pastoral. El verbo griego σπλαγχνίζομαι, aludiendo a una emoción que surge desde las entrañas, expresa
una intensidad afectiva que se traduce necesariamente en acción. En la persona
de Jesús, la compasión no permanece en el ámbito de la interioridad, sino que
se configura como el motor dinámico de su praxis.[28]
Desde la perspectiva bíblica, la compasión es un
atributo constitutivo del carácter divino (Ex 34:6; Sal 103:13). En este
sentido, Jesús no solo manifiesta compasión, sino que encarna de manera plena
la misericordia de Dios. En el pasaje analizado, la compasión funciona como
punto de inflexión entre la percepción del sufrimiento humano y la intervención
pastoral que busca su restauración. Se trata, por tanto, de una humanidad en
términos de cercanía, sensibilidad y acción redentora.[29]
Asimismo, el texto introduce una crítica implícita
al liderazgo religioso contemporáneo. La imagen de las ovejas sin pastor pone
en evidencia la ausencia de una guía espiritual auténtica, cuestionando el
modelo de liderazgo representado por fariseos y escribas. Este liderazgo,
caracterizado por el legalismo y la imposición de cargas (Mt 23:4), es
contrastado con la praxis de Jesús, cuya autoridad se fundamenta en la
compasión y el servicio. Como señala Frederick Dale Bruner, este pasaje puede
leerse como un juicio indirecto contra un sistema religioso que ha traicionado
su vocación pastoral.[30]
El contraste teológico entre Jesús y los líderes
religiosos es. Por tanto, decisivo. Mientras estos ejercen una autoridad
normativa y excluyente, Jesús encarna una autoridad relacional y
restauradora. (Mt 23:4). En esa línea,
Justo L. González subraya que “el liderazgo de Jesús no se impone, sino que
emerge de su capacidad de servicio y de su identificación con los más
vulnerables”. Se configura así un paradigma pastoral centrado en el otro,
particularmente en aquellos que han sido marginados por las estructuras
religiosas y sociales.[31]
La conexión entra la compasión y la misión en la
transición hacia el discurso misionero del capítulo 10. La compasión de Jesús no se agota en la
contemplación del sufrimiento, sino que genera una respuesta concreta el envío
de obreros a la mies (Mt 9:37-38) en este sentido, la misión debe entenderse
como una extensión histórica de la compasión divina. Tal como afirma David
Bosch, “la misión cristiana tiene su origen en el corazón de Dios, siendo la
expresión dinámica de su amor por la humanidad”.[32]
Esta perspectiva plantea un desafío significativo
para modelos contemporáneos de liderazgo eclesial. Frente a paradigmas
centrados en la eficiencia, el control o la institucionalización de poder, el
texto propone un liderazgo encarnacional que se
define por la empatía y la cercanía.[33]
En palabras de Ulrich Luz “la autoridad de Jesús radica en su capacidad de
percibir y experimentar el sufrimiento de los otros, lo que exige una profunda
transformación de la mirada pastoral”.[34]
Finalmente, la metáfora del pastor remite a un rico
trasfondo veterotestamentario que encuentra su culminación cristológica en la
persona de Jesús. En Ezequiel 34, Dios denuncia a los pastores de Israel por su
negligencia y promete asumir personalmente el cuidado de su rebaño. Mateo
interpreta esta promesa a la luz del ministerio de Jesús, quien se presenta
como el Pastor-Mesías que busca, sana y restaura. En esta línea N. T. Wright,
destaca que “Jesús ocupa el lugar que, en la tradición de Israel, correspondía
exclusivamente a Dios”.[35]
En consecuencia, Mateo 9:36 debe ser comprendido nos
solo como un relato emotivo, sino una declaración programática sobre la
naturaleza del liderazgo pastoral. La compasión emerge como criterio
hermenéutico y praxis constitutiva del ministerio cristiano. El pastor, en
fidelidad al modelo de Cristo, está llamado a discernir el sufrimiento humano
en su prioridad, responder con acciones concretas de cuidado y encarnar el amor
de Dios en contextos de fragmentación.[36]
En conclusión, este pasaje de Mateo 9:36 convoca a
una reconfiguración teológica del liderazgo, la misión y la praxis eclesial.
Frente al vacío pastoral evidenciado en los líderes religiosos de su tiempo,
Jesús inaugura un modelo ministerial caracterizado por la ternura, la
proximidad y la acción redentora. En contextos contemporáneos marcados por la
desorientación espiritual y el desamparo social, este paradigma resulta no solo
pertinente, sino urgente: un liderazgo que, como el de Jesús, sea capaz de ver,
sentir y actuar desde una compasión activa y transformadora.
Implicaciones para la praxis pastoral contemporánea
El pastor como imitador de Cristo:
La figura
pastoral, en el horizonte teológico del Nuevo Testamento, encuentra su
paradigma normativo en la persona y el ministerio de Jesús, particularmente
como se revela en Mateo 9:36, en este pasaje, Jesús no solo percibe la
condición la necesidad de las multitudes, sino que responde a ella desde una
profunda conmoción interior, expresada en términos de compasión activa. Dicha
compasión no puede reducirse a una categoría afectiva, sino que constituye una
fuerza teológica que articula percepción, discernimiento y acción pastoral.[37] En
consecuencia, el pastor contemporáneo, en cuanto imitador de Cristo, está
llamado a asumir la compasión como principio estructurante de su identidad y
praxis ministerial.
Esta dimensión compasiva debe informar integralmente
al quehacer pastoral. En ámbito de la predicación, no se trata únicamente de
transmitir contenidos doctrinales, sino de la proclamación del evangelio como
palabra encarnada que interpela y consuela en contextos concretos de
sufrimiento humano. En la consejería pastoral, la compasión se traduce en una
escucha empática y activa, capaz de acoger la complejidad de las heridas
emocionales y espirituales sin reducirlas a respuestas simplistas. De igual
modo, el ejercicio del liderazgo pastoral, configurado a la imagen de Cristo,
se distancia de modelos autoritarios o clericalistas
para asumir una lógica de servicio, proximidad y cuidado.[38]
En plano ético, la praxis pastoral no puede
disociarse de esta matriz compasiva. En un contexto cultural marcado por
el individualismo y la progresiva
institucionalización de la experiencia religiosa, el ministerio pastoral exige
una coherencia que asocie integridad, justicia y misericordia. El compromiso
con los sectores vulnerables, la denuncia profética frente a las estructuras de
injustica y la fidelidad al llamado pastoral se constituyen, así, en
expresiones concretas de una compasión que trasciende el discurso y se encama
en la realidad histórica.[39]
Diagnóstico actual: “Ovejas sin pastor” hoy
La
caracterización de las multitudes como “ovejas sin pastor” en Mateo 9:36
encuentra una resonancia significativa en el contexto contemporáneo. Las
sociedades actuales evidencian formas diversas de desorientación existencial,
fragmentación comunitaria y desamparo espiritual que, en muchos sentidos,
reproducen la condición descrita por el evangelista. La pérdida de referentes
trascedentes, el debilitamiento de los vínculos comunitarios y la crisis de
credibilidad de las instituciones religiosas han generado un escenario en el
que tanto creyentes como no creyentes experimentan una profunda carencia de
guía espiritual significativa.[40]
En particular, la creciente desconfianza hacia las
estructuras eclesiásticas, percibidas en ocasiones como burocráticas, distantes
o moralmente inconsistentes, ha contribuido a un fenómeno de desvinculación
progresiva especialmente entre las nuevas generaciones. Paralelamente, el auge
de formas de espiritualidad individualizadas, frecuentemente desvinculadas de
la comunidad de fe, no logra suplir la necesidad de acompañamiento, sentido y
orientación ética. Manifestaciones como la ansiedad existencial, el aislamiento
social y el sufrimiento psicoemocional pueden interpretarse, en clave
teológica, como síntomas de una humanidad que carece de un pastoreo auténtico.[41]
En este contexto, el liderazgo pastoral enfrenta un
doble desafío crítico: por un lado, la recuperación de la credibilidad mediante
una praxis coherente y significativa; por otro, la capacidad de responder con
pertinencia a las necesidades profundas del ser humano contemporáneo. La
ausencia de cuidado personalizado, la indiferencia institucional ha favorecido
escenarios de sincretismo y desorientación doctrinal. De ahí la urgencia de
replantear, en términos teológicos y prácticos, el significado mismo del
pastoreo en la era posmoderna.[42]
Propuesta pastoral: hacia una praxis integral
Frente al
diagnóstico expuesto, la respuesta pastoral no puede limitarse a estrategias
fragmentadas o meramente funcionales. Se impone la necesidad de una
reconfiguración integral del liderazgo eclesial, que articule una sólida
formación bíblico-teológico con una profunda sensibilidad pastoral y un
compromiso efectivo con la transformación social. El pastor contemporáneo debe
ser capaz de integrar la fidelidad exegética en la proclamación de las
Escrituras con una praxis de acompañamiento de atienda las dimensiones
emocionales, relacionales y espirituales de la persona.[43]
En esta línea, las comunidades eclesiales están
llamadas a constituirse en espacios de sanidad integral, donde la experiencia
de la gracias se haga tangible. Esto implica la creación de entornos seguros
que favorezcan la escucha, el acompañamiento de procesos personales y el
crecimiento en todas las dimensiones de la vida. La iglesia, en cuanto
comunidad del reino, no debe configurarse como un espacio de exclusión o
juicio, sino como un ámbito de hospitalidad, discipulado encarnado y solidaridad
activa.[44]
Finalmente, la praxis pastoral debe orientarse hacia
la encarnación histórica de los valores del Reino de Dios, la compasión, tal
como se manifiesta en Jesús, no constituye un ideal abstracto, sino una praxis
concreta que se expresa en el consuelo al afligido, la denuncia profética
frente a la injusticia y el servicio desinteresado. En este sentido, la iglesia
que asume la compasión como principio operativo se convierte en signo visible e
incluso sacramental de esperanza en medio de un mundo marcado por el
sufrimiento y la fragmentación.[45]
Conclusión
A partir del
desarrollo del presente ensayo crítico sobre Mateo 9:36, se puede concluir que
la compasión de Jesús constituye no solo un elemento narrativo relevante, sino
el eje teológico que articula su identidad mesiánica y su praxis ministerial.
El análisis del termino ἐσπλαγχνίσθη ha permitido evidenciar que
dicha compasión posee un carácter profundamente activo, en cuanto implica una
respuesta ante el sufrimiento humano. De este modo, la compasión se configura
como el principio dinámico que vincula la interioridad de Jesús con su acción
redentora, superando cualquiera comprensión reduccionista que la limite a un
mero sentimiento. En consecuencia, el texto revela una cristología en la que el
poder y la autoridad de Jesús están inseparablemente unidos a su capacidad de
identificarse con la fragilidad humana.
Asimismo, el estudio ha demostrado que la ubicación
literaria del pasaje dentro de la estructura del evangelio no es accidental,
sino que responde a una intención teológica especifica. En tanto bisagra entre
los relatos de milagros y el envío misionero, Mateo 9:36 establece que la
misión surge como extensión necesaria de la compasión divina. Esta articulación
entre afecto y acción redefine la compresión de la misión cristiana, no como
una estrategia eclesial, sino como participación en el movimiento compasivo de
Dios hacia la humanidad. Por tanto, la praxis misionera encuentra su
legitimidad con en su eficacia, sino en su fidelidad al carácter compasivo de
Cristo.
Por otra parte, la lectura intertextual ha permitido
situar la imagen de las “ovejas sin pastor” en continuidad con la tradición
profética de Ezequiel 34 y Números 27, revelando su densidad escatológica y
cristológica. En este marco Jesús emerge como el Pastor-Mesias que cumple las
promesas divinas frentes al fracaso del liderazgo humano. Esta dimensión
implica, a su vez, una crítica contundente a los modelos de liderazgo religioso
caracterizados por el legalismo, la indiferencia y la desconexión con las
necesidades del pueblo. Así el texto no solo describe una realidad histórica,
sino que interpela permanentemente a las estructuras eclesiales que reproducen
dinámicas de exclusión o abandono pastoral.
Finalmente, el ensayo pone de manifiesto la vigencia y urgencia del paradigma pastoral derivado de este pasaje para el contexto contemporáneo. En un escenario marcado por la desorientación espiritual, la fragmentación social y la pérdida de credibilidad institucional, la figura del pastor esta llamada a reconfigurarse a la luz del modelo de Cristo. Esto implica asumir una praxis ministerial centrada en la empatía encarnada, el acompañamiento integral y el compromiso activo con el sufrimiento humano. En definitiva, el liderazgo cristiano solo podrá ser autentico y transformador en la medida en que participe de la compasión activa de Jesús, convirtiéndose así en signo visible de la presencia restauradora de Dios en medio de una humanidad que, aún hoy, vive como ovejas sin pastor.