Resumen

“La mundialización que nos ha tocado vivir en nuestros días posee, como el dios Jano, un doble rostro. Una faz es la deseable: la de la unificación humana dentro de un proyecto de desarrollo común. La otra es la faz real: la de un proceso aún indeterminado, que oscila entre la reducción y el ascenso de la diversidad como punto final de esta aventura en pos de la unidad humana. Entre lo deseable y lo real, resta por construirse lo posible, a saber, la unidad dentro de la diversidad” (Regalado, 2008). La educación como agente dinamizador de los procesos culturales es la encargada de sembrar la mencionada unidad. Dentro de este marco, se redimensiona el papel docente en el mundo contemporáneo, ya sea dentro del marco de una educación presencial sincrónica y coespacial entre el docente y alumno, o una educación asincrónica a distancia, o simplemente un docente dentro de un sistema bimodal.